Entre enero-abril, el país compró poroto por US$ 1.800 millones a Brasil, Paraguay y Bolivia. La cámara que agrupa a las fábricas y exportadoras aseguró que permite mantener empleo industrial en el país.

Mientras avanza la cosecha de soja, los rendimientos que se obtienen de los lotes no encuentra piso y las estimaciones de producción siguen cayendo. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires volvió a recortar la producción del cultivo 1,5 millones de toneladas y prevé un volumen de 21 millones de toneladas, un 52% menos que el ciclo anterior.

Ante este contexto, desde la Cámara de la Industria Aceitera Argentina (Ciara) defendieron la importación temporal del poroto ya que permiten mantener las fábricas abiertas. 

Según el informe de Intercambio Comercial Argentino difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que en abril, la importación de porotos de soja, incluso quebrantados, excluidos para siembra, fue de US$ 708 millones, un 166% más que el mismo mes de 2022.

Y en el primer cuatrimestre, continuando con el mismo documento, el país compró a Brasil, Bolivia y Paraguay, el acumulado llegó a US$ 1.810 millones, un 187% de crecimiento en relación a igual período del año pasado.




Al respecto, Ciara aseguró que la importación temporaria de soja permitió reducir la caída del uso de la capacidad instalada en el país a raíz de la menor cosecha por la sequía y reclamó políticas que promuevan las exportaciones y el valor agregado.

Cabe señalar que la soja que se importa a dólar oficial y es únicamente para producir subproductos -harina y aceite-, con el objetivo de agregarle valor al poroto.

Según los números de la cámara, este año Argentina debería importar alrededor de 10 millones de toneladas contra las 4,6 millones de toneladas que promediaron en los últimos 5 años, lo que lo convertiría en el segundo país importador a nivel mundial, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), por supuesto detrás de China que compra casi 100 millones de toneladas por año.

En la red social Twitter, Ciara recordó que el polo industrial principalmente emplazado en el Gran Rosario cuenta con una capacidad instalada de 70 millones de toneladas anuales.

Sin embargo, advirtió la entidad, que en 2023 sólo podría procesar alrededor de 27,5 millones de toneladas, cifra que puede ser menor si la cosecha de soja sigue profundizando su caída. Y lo convierte en el más bajo en los últimos 18 años.

Según Ciara, “el faltante de materia prima encendió todas las luces de alarma en la molienda. Para este año, calculamos que si no existiera la admisión temporaria de soja desde países vecinos, la industria dejaría de operar durante muchos meses”, señaló.

Por lo que desde la cámara afirmaron que el incremento proyectado en las compras temporales de soja permiten mantener empleo industrial en el país y mantener encendida la principal industria generadora de divisas.

“Hay que salir de esta sequía con más producción, con una política sin restricciones para exportar y sin castigar al valor agregado del principal complejo exportador del país”, concluyó Ciara.