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La carrera electoral empieza a tomar ritmo en medio de la promesa al FMI de contener el gasto para reducir el déficit y una sequía que limitará fuerte el ingreso de dólares y la recaudación.

Jerome Powell, el jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos, enfrentará el miércoles el dilema más serio de los últimos años sobre la evolución de la primera economía del mundo.

En medio de la acelerada crisis bancaria desatada hace una semana por la caída del californiano Sillicon Valley Bank (SVB), que financiaba el arranque de empresas tecnológicas, Powell debe decidir si continúa o no con su política agresiva de subir la tasa de interés para combatir la inflación.

Esa tasa de referencia está en 4,75% anual y, hasta hace una semana, la expectativa era que podría continuar subiendo hasta 6%. Pero el derrumbe del SVB cambió todo y ahora la apuesta es que el miércoles aumente solo 0,25 puntos o quede como está.

El dilema de Powell es seguir subiendo la tasa para defender su credibilidad, o frenar el aumento para moderar la corrida de depósitos que se está produciendo desde los bancos regionales más chicos hacia los más grandes.

Al SVB le sacaron US$ 42.000 millones en una tarde (los depositantes no necesitaron hacer colas) y el gobierno de EE.UU. dispuso la garantía total de los depósitos pero los mercados no se calmaron: vino el tembladeral del Credit Suisse.

Para la Argentina el coletazo fue fuerte: caída de las acciones, bonos (volvieron a los US$ 25 perdiendo todo lo que habían ganado a comienzos de año y más) y suba del riesgo país (a 2.374 puntos). El panorama se nubló y sumó incertidumbre a la generada por el 6,6% de la inflación de febrero.

El alza del costo de vida en el primer bimestre habla de una «economía sin anclas» como destaca el último informe de la consultora abeceb y del importante dilema frente al que se encuentra el ministro de Economía.

Parte del dilema sobre cómo contener al dólar y tender a estabilizar la situación cambiaria (el contado con liquidación está en $ 403 y la brecha volvió al 100%) lo intenta resolver con la suba de tres puntos de la tasa de referencia que ahora es de 78% anual, 113% efectiva anual.

El intento es que la tasa supere a la inflación y absorba pesos para que no vayan a la compra de dólares. El problema es que quien termina teniendo que emitir para pagar los intereses más altos es el propio Estado, que es el principal tomador de crédito del mercado.

La otra parte del dilema de Massa es la falta de dólares de siempre pero ahora agudizada.

Mientras el campo trata de asimilar el fuerte golpe de la sequía sobre la producción y las exportaciones, el Banco Central sigue actuando como único vendedor neto del mercado y las reservas siguen cayendo.

La posibilidad de echar mano a los US$ 5.000 millones libres del swap con China está a la vuelta de la esquina y sería un puente hasta algún tipo de dólar soja 3 u otra mejora cambiaria sectorial que le arrime algunas reservas al Central.

Massa espera el desembolso de US$ 5.200 millones del Fondo Monetario Internacional (lo tiene que aprobar el Directorio) también para ver superado el disgusto que generó en el organismo la sanción de la nueva moratoria previsional que no estaba en los papeles de la negociación.

Para Cristalina Georgieva, jefa del FMI, debe ser difícil aceptar que Sergio Massa le promete una reducción del déficit fiscal casi simultáneamente a la aprobación de una moratoria jubilatoria que implica un aumento del gasto público equivalente a 0,4% del PBI.

Pero la discusión crece en el frente interno en torno a si el gobierno debe cumplir con la baja del déficit a 1,9% del PBI este año de sequía y consiguiente pérdida de recaudación por el menor aporte de las retenciones a las exportaciones agropecuarias.

El economista Emmanuel Álvarez Agis, ex viceministro de Axel Kicillof, tiró la primera piedra al decir que, en este contexto, prefería incumplir la meta fiscal acordada con el FMI. ¿Fuego amigo para Massa?

La precariedad de la estabilidad cambiaria de estas semanas (el Central vendió más de U$ 730 millones) no deja mucho margen para pensar que el Gobierno se aparte de los compromisos con el FMI, pero también hay que considerar que la carrera política electoral empieza a tomar ritmo.

Y la política, como definió Blaise Pascal a mediados del año 1600 refiriéndose al corazón, «tiene razones que la razón ignora».

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