¿Qué plan se le puede presentar a Washington después de lo de ayer?

El Gobierno envió anoche un proyecto de Presupuesto 2020 que prevé un acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar la deuda de US$ 47.000 millones. Esto representa un dato importante porque indica que la hipótesis principal de trabajo del Poder Ejecutivo es un entendimiento con el organismo y no romper esa relación.

Tampoco es menor que el Presidente dijera ayer que un programa con el organismo ayudaría al país a conseguir crédito para su recuperación (“Si ese acuerdo no existiera, las condiciones serían otras; sería distinto en las posibilidades que tiene el Estado en promover el desarrollo que queremos promover y se vería afectada la obra pública, la educación, la salud, el crédito para la empresa”) (ver más arriba). Sin embargo, nada de esto debe ser leído como hechos que representen que la negociación con el FMI está encaminada, ni mucho menos cerca de su resolución. En todo caso son mojones que ratifican la agenda de trabajo de Martín Guzmán, sus deseos.

En el Gobierno se ilusionan con que en octubre el Directorio Ejecutivo dé luz verde a un anuncio alrededor de la sobretasa. Pero la verdad es que bajar las tasas de esos préstamos no tiene nada que ver con acordar un préstamo de Facilidades Extendidas como el que pretende el país. Argentina aspira a pedir dinero para pagar la deuda y luego devolver ese monto a un plazo de diez años a cambio de hacer algunas reformas en su economía. Por ejemplo el compromiso a cumplir metas fiscales y no introducir nuevos gastos o impuestos en el período que dure el programa. Todo un desafío para un país que duplicó el peso de su gasto público en la economía en diez años, caso único en el mundo.

Argentina al firmar un acuerdo así, habrá tomado un compromiso. Para ello el FMI debe asegurarse que el Gobierno cuenta con respaldo político y que la oposición ayudará. De lo contrario no lo aprobará porque no se arriesgará, una vez más, con la Argentina. ¿Pero existen estas condiciones políticas hoy en el país, que el FMI evaluará, cuando está claro que ni el Gobierno reúne apoyo dentro de su administración? ¿Cómo queda Martín Guzmán, el único interlocutor válido que el FMI reconoce en un país miembro, en las conversaciones con el organismo? ¿Cómo explicar lo que sucedió ayer y dar garantías de firmar un programa sin que haya cambios en el medio de un momento para otro, de un país que no da mínimo de previsibilidad?

La incertidumbre es enemiga del capitalismo, decía Joseph Schumpeter y por lo tanto no hay nada peor para los mercados que la falta de previsibilidad. El FMI es una institución pensada y diseñada para justamente ‘emparchar’ esas fallas de mercado y prestar dinero que cuando los inversores privados no lo hacen. Pero el FMI sí pide a los gobiernos y oposición de los partidos que brinden certidumbre sobre sus programas. Argentina no lo estaría logrando.

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