«Estamos en una fábrica», arrancó Daniel Funes de Rioja, que agradeció a la CGT y a sus pares del grupo de los seis que reúne a la Bolsa, la Rural, los bancos y la Cámara de Comercio en una celebración del Día de la Industria que el Gobierno intentó vaciar enviando a funcionarios de segunda línea para marcar las diferencias con la actual conducción de la UIA, más crítica hacia la política oficial.

«Hay tensiones que amenazan a la industria frigorífica, queremos una Argentina con inversión productiva y crecimiento de las empresas pero nos preocupa lo tributario, que paguemos todos y razonablemente», señaló el presidente de la UIA.

«Hablaste de certidumbre; queremos concertación con la bandera de la industria», le dijo al secretario de Industria. » Queremos una Argentina que promueva la inversión privada«, remarcó.

Funes enumeró luego el trabajo durante la pandemia en conjunto con los trabajadores. «Estamos orgullosos, tenemos vacunas y hemos estado a la altura de las circunstancias en el abastecimiento. Los ATP ayudaron a pasar el mal momento de los cierres en la pandemia», sostuvo después.

El presidente de la UIA remarcó: «Respetamos el orden institucional, lo que nos une es la discusión de una política industrial en un tango que necesita tres, el Estado, los empresarios y los trabajadores».

Funes reconoció que la industria está 4 puntos por encima del 2019 y señaló: «Estamos en un punto de inflexión que debe ser desarrollo sustentable. Nos duele el empleo en negro. Necesitamos más inversión, más empleo y mayor formalidad y a los trabajadores junto a nosotros, no en contar nuestra».

Y reclamó un Mercosur fuerte como puerta de entrada al mundo y que se «construya con consensos».

La celebración fue en Cerámica Alberdi, una planta de gigantescas proporciones en el corazón de un barrio humilde de Jose C. Paz. La UIA celebró el Día de la Industria en coincidencia con el default de Molino Cañuelas que, por el tamaño de la deuda, puede comparase con el de Vicentin y la noticia de despidos por parte de los frigoríficos por culpa de cepo a la carne.

Tal vez imaginando un ambiente crítico, el Gobierno intentó vaciarlo con actos paralelos, con ausencias que contrastaron la actitud cuando la entidad era dirigida por Miguel Acevedo, que congregaba a casi todo el gabinete y al propio Presidente.

Este mediodía enviaron funcionarios de menor rango como Ariel Shale, secretario de Industria y a la secretaria de comercio interior, Paula Español.

La UIA como respuesta lo colmó de empresarios de la talla de Paolo Rocca y la cúpula de la CGT encabezada por Gerardo Martínez y Antonio Caló.

A Shale le dieron la palabra y como se preveía se refirió a la triste herencia y dedicó a enumerar las medidas del Gobierno. Habló casi una hora y asombró, eso sí, su llamado a exportar más como salida justo cuando se restringen los embarques de carne.

Español, en cambio, prefirió hablar con Rocca y mientras ella se refería a los precios, el CEO de Techint hablaba de la recuperación de la economía. Algo que también señaló Luis Galli de Newsan: «El segundo semestre viene muy bien», soltó y lo afirmó Caló cuando detalló que la producción metalúrgica «vuela». El anfitrión Rappallini deslizó que están a pleno con la producción de porcelanatto.

Por cierto, el concurso de Molino Cañuelas sobrevoló las conversaciones entre el titular de la Rural, Nicolás Pino y el de la Bolsa, Adelmo Gabbi.

«Ya venía con problemas en sus balances, muy difícil para una empresa resolver una deuda de este tamaño», comentó Gabbi al explicar que la recuperación de las acciones en la Bolsa obedece al precio de ganga de las empresas. Y ejemplificó que firmas como Casado con miles de hectáreas en Paraguay, vale 22 millones de dólares y Fiplasto, 3 millones de dólares. «Hay fondos del exterior que pese al riesgo buscan oportunidades«, explicó sobre el alza de las acciones.

Pino mostraba su rechazo al cepo a la carne, «una medida inexplicable y que genera bronca en los productores y despidos en la industria», dijo.

Shale hablaba de una decisión política que «no es biri biri», frente a Funes de Rioja mientras en la platea los industriales consultaban sus celulares.

Rocca en los momentos previos conversaba animadamente con los lideres sindicales. Y Gerardo Martínez hacía gala de un acuerdo en serio con el sector empresario. En otra punta de un salón de cinco cuadras, una de las líneas productivas de porcelana, Marcelo Figueras de laboratorios Richmond explicaba exultante que ya van por las 6 millones de dosis de Sputnik gracias a los fondos que logró y que superaron con creces los millones de dólares que necesitaba. Dijo que sus inversores fueron diversos, desde la radical Mendoza, la Ciudad de Buenos Aires al dueño de Covelia, tan ligado a Hugo Moyano.

José de Mendiguren fue una de las presencias que se hizo notar tras su pelea pública por haber quedado rezagado en la nueva conducción de la UIA. Muchos esperaban un gesto público de reconciliación con algún apretón de mano. No se concretó.

NE