Después de la fuerte caída del año pasado, la inversión fue una de los componentes de la demanda que se recuperó más rápido y en julio pasado creció un 23,4% anual descontando la inflación, según el indicador elaborado por Orlando J Ferreres.

La mejora se debe al rebote tras la parálisis por la pandemia y la cuarentena, pero si se compara con junio, hubo una caída del 2,9%. Es la tercera baja en el año y una señal de que la recuperación estaría alcanzado un techo justo cuanto el Gobierno busca mostrar una reactivación de cara a las elecciones.

A la hora de analizar los rubros, la inversión estuvo motorizada por la construcción, que registró un incremento del 43,7% anual. «Lo elevado de la cifra se debe a la pobre base de comparación de 2020, año que mostrara cifras sumamente negativas entre marzo y agosto», señaló el informe.

En tanto, el segmento maquinaria y equipos registró un alza del 4,8% anual, por debajo del 26,1% en el mes previo. El contraste se debe a la desaceleración en la compra de maquinaria importada, que mostró un aumento de 8,5% anual, cuando en junio había crecido más de 50%.

La brecha cambiaria favorece la compra de bienes en el exterior a un dólar menor a $ 100. Pero el ritmo de importaciones empezó a bajar después de que en junio las importaciones llegaron casi a US$ 6.000 millones. Con todo, el equipo durable de producción nacional creció solo 1,5% anual.

«La inversión está medio estabilizada, tenés las importaciones de bienes de capitales reguladas, por lo cual cuando hay dólares entra más maquinaria, y cuando no, las cierran. Y el otro impacto es que el agro dejó de comprar tanta maquinaria«, señaló Fausto Spotorno, economista de Ferreres.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, aseguró semanas atrás que en el primer trimestre la inversión se ubicó 14% por encima del mismo período de 2019. El cálculo surge de comparar el aumento del 38,4% en el primer trimestre, con la caída del 18,2% en igual período del año pasado.

Pero los analistas advierten que la comparación es con un «año malo». Por el parate, hubo muchas obras en construcción que se frenaron y recién este año retoman los proyectos incompletos. Por otra parte, el cepo alienta la compra de propiedades y bienes de capital para dolarizarse.

En ese contexto, la inversión representó US$ 6.000 millones en julio. El dato es el valor más alto del año, aunque sigue siendo insuficiente para que la economía crezca. Esa cifra apenas alcanzaría para recomponer capital y reemplazar la maquinaria obsoleta.

«La inversión está en niveles históricamente bajos, que no alcanzan para crecer. Tendrías que estar invirtiendo Us$ 9.000 millones para eso», dijo Spotorno. En todo 2021, el economista estima que la inversión representará entre 18 y 19% del PBI, un nivel similar al del 2019.

Ecolatina destaca que la inversión se recuperó más rápido que el consumo: mientras la primera ya está un 20% arriba de los niveles pre-pandemia, el segundo sigue 6% por debajo. Esto se debe a la volatilidad de la inversión. En las crisis cae más rápido, pero también se recupera con mayor velocidad.

«La realidad es que la inversión viene estancada hace una década al igual que el PBI y tiene la misma dinámica: cayó en años pares y creció en los impares, con elecciones. En el primer trimestre, está todavía 11% abajo del promedio del promedio de 2011, el úlltimo pico de inversión», dijo Agostina Myronec, economista de Ecolatina.

Para lo que resta del año, Myronec espera una desaceleración mayor de la inversión teniendo en cuenta que ya recuperó lo perdido en pandemia. El consumo privado se recuperará con lentitud, pese a las paritarias y la creación de empleo; y la obra pública seguirá creciendo con fuerza.

La incógnita es el 2022. Una vez firmado el acuerdo con el FMI, se espera un menor espacio para el consumo y la inversión del sector público frente a mayores vencimientos de deuda y menores reservas netas. Y en el frente cambiario, una aceleración del dólar podría hundir la inversión.