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Massam estuvo acompañado por secretario de Política de Programación Económica, Gabriel Rubinstein; el presidente del Banco Central, Miguel Pesce; el jefe de Asesores del Ministerio, Leonardo Madcur; el director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y coordinador de las relaciones con los organismos, Marco Lavagna; y el embajador argentino en Washington, Jorge Argüello.

En tanto que Lipton estuvo acompañado por Michael Kaplan, secretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental; y Andy Baukol, subsecretario de Asuntos Internacionales.

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Reunión con el FMI

Es probable que hoy el ministro de Economía Sergio Massa se lleve un acuerdo con el staff del FMI. De concretarse, ese acuerdo le será oficializado de boca de Kristalina Georgieva, en el encuentro que mantendrán en el edificio del FMI. Todo deberá quedar registrado en un documento escrito, en el que se trabaja hasta último minuto. Dicho pliego no sólo tendrá los compromisos cumplidos de esta segunda revisión del programa que tomó la Argentina, sino además las próximas metas trimestrales, siempre con la vista fija en las verdaderas metas anuales que, según el propio Gobierno, deben cumplirse sí o sí.

Es lo que le dijo hace apenas algunas horas el ministro a Ámbito: “El programa con el FMI tiene objetivos y tenemos que trabajar para cumplirlos porque es parte de los compromisos que la Argentina asumió como país”.

Aunque parezca mentira, cada palabra del documento tiene un peso propio, se sopesa y pone en discusión de un lado y de otro. “Se negocian hasta las comas y los puntos del comunicado”, bromea una fuente de la delegación. El ministro Massa quiere irse de esta ciudad con el acuerdo por escrito, aunque, se sabe, será después el staff del FMI el que deberá elevarlo al board para su aprobación. La pelea es también por gestionar qué conceptos aceptará incluir el FMI en ese mensaje oficial. Sabido es que tanto el presidente Alberto Fernández como el propio Massa vienen insistiendo con la idea de que la Argentina se vio perjudicada por las consecuencias de la guerra en Ucrania. Menos reservas, más inflación. Producto de estas falencias es que el Palacio de Hacienda ha subido a la mesa de discusión no sólo ciertos atenuantes que debería contemplar el Fondo, sino además el pedido para que el FMI respalde algunas iniciativas, como la del intercambio de información con EE.UU. para dar con los argentinos que evaden el pago de impuestos depositando su dinero en cuentas estadounidenses. En el Gobierno calculan que, en materia de déficit fiscal, la guerra implicó un adicional equivalente a 0,7% del PBI.

Para sumar un matiz más están las fuentes oficiales, que le dijeron a Ámbito que todas estas conversaciones tienen un carácter eminentemente técnico, ergo, no político. Eso, a pesar de todo el capital de respaldo conseguido por el ministro en los últimos días, tanto en la Casa Blanca, puntualmente el departamento de Estado, pero también con los organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, donde obtuvo la promesa de giros inmediatos a partir de gestiones que destrabaron los acuerdos establecidos con anterioridad.

La idea de Massa es no poner en juego esos avales implícitos de naturaleza política pacientemente cultivados mientras no sea necesario: quiere consolidar una mirada de consenso con el staff del FMI, una ruta que le permita mirar hacia adelante. “Venimos haciendo un trabajo técnico desde todas las áreas del Ministerio de Economía en conjunto con las áreas técnicas del FMI para cerrar la revisión del segundo trimestre y para construir el documento de prospectiva, que es un cómo ve el FMI y cómo vemos nosotros, los dos, hacia adelante. Y creo que, en este sentido, la semana que pasó fue buena, por lo que entiendo, por la información que me fueron comunicando en el equipo”, le dijo Massa a Ámbito.

Lo más importante, ahora

A pesar de toda la secuencia, hay un detalle más que debe mencionarse: el presupuesto 2023. Los pensamientos del ministro no sólo están aquí, sino que parecen anudados con el pronto envío al Congreso del plan de gastos e ingresos. Será el 14 de septiembre. Al margen de las proyecciones de crecimiento e inflación -que quedarán lejanas de lo que soñó despierto y dibujó Martín Guzmán-, Massa repite que se cumplirá este año con la baja del déficit hasta un nivel de 2,5% del PBI, y que también se pondrá en el proyecto de ley lo comprometido con el FMI para 2023, esto es, un déficit de 1,9%. Si se lo piensa, Massa volvería a Buenos Aires con el aval del FMI y el respaldo político de la Casa Blanca, pero condicionado a vencer en la contienda parlamentaria. Si se lo piensa, lo que entusiasma a Washington es esto: que de todos los elementos que el ministro Massa tiene a mano para cumplir con las metas, el más inmediato y posible es el ejercicio del fiscalismo. Dicho en criollo, si no puede modificar drásticamente lo que suceda con las reservas en el corto plazo, sí puede hacerlo en lo relacionado con el gasto público y el compromiso presupuestario.

Houston, tenemos un problema

La idea de Massa es que más allá de las negociaciones con el FMI, el objetivo es y debe ser a futuro y en todo momento, acumular reservas en el BCRA porque, sostienen en su entorno, el funcionario cree que eso, al margen de otras cosas, también es garantía de gobernabilidad.

Como se mencionó, en el plano de las exigencias del FMI, para el Gobierno existen dos factores que deben incorporarse a la ecuación: por un lado, que el acuerdo se firmó un tiempo antes que comenzasen a decantar las consecuencias económicas que la guerra entre Rusia y Ucrania, lo que podría habilitar en el futuro cercano nuevas conversaciones, pero no desde el Gobierno sino desde el propio organismo y hasta en el marco de las Naciones Unidas.

Por otro, que el costo implícito en materia de reservas que no fueron integradas podría calcularse teóricamente si se toman en cuenta los u$s9.000 millones del swap con China, los u$s6.000 millones que no pudo girarle Rusia por los DEG, unos u$s1.200 millones de desembolsos de China que no se hicieron por las represas y hasta los u$s1.700 millones que venían demorados del BID y que, el propio Massa logró destrabar ahora. A ello podrían agregarse casi u$s5.000 millones del costo de la energía.

Los últimos días ayudaron. El último viernes, en Houston, en el marco de un importante encuentro con las principales petroleras estadounidenses, Massa obtuvo el anuncio de nuevas inversiones para el país por u$s1.030 millones. Son u$s330 millones de Chevron para dar inicio a Trapeal, una tercera área de producción en Vaca Muerta y u$s 700 millones de la firma Total para impulsar Plan Fenix, un desarrollo en la cuenca Austral a 150 km de Río Grande.

Respaldo político

Relacionado con su paso por la Casa Blanca, Massa sostuvo: “Se trató de una agenda de reuniones vinculados a los temas de seguridad energética y alimentaria que son parte de los acuerdos de la Cumbre de las Americas y del Acuerdo del G7 del que participó la Argentina”.

Las reuniones tuvieron lugar con funcionarios clave de la administración de Joe Biden: el Consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan; Juan González, asesor principal para América Latina y Mike Pyle, asesor económico internacional adjunto del Consejo Nacional de Seguridad. “Obviamente aparecieron discusiones respecto de cuál es el mejor escenario, entendiendo que la guerra genera impacto en la economía global que no podemos dejar de poner en cualquier mesa de discusión”, dijo Massa a Ámbito. “Los precios internacionales de la energía condenan a Europa a un escenario de enorme inestabilidad económica y política, nos ponen a prueba a nosotros para el 2023 en el desafío de tener un programa muy ambicioso, pero también muy profesionalmente desarrollado para evitar que la Argentina tenga que seguir importando los niveles de GNL que ha tenido que venir comprando”.

En opinión del ministro, “el mundo tiene cuatro grandes temas en debate los próximos dos años, los minerales críticos, la energía, la economía del conocimiento y las proteínas. Argentina más allá de las dificultades que hoy tiene, tiene una enorme oportunidad en el largo plazo”.

El plan estratégico

La jornada realizada esta semana en el Baker Institute, de la Rice University dejó entusiasmo. Los principales referentes de las petroleras presentes se mostraron a favor del marco normativo y fiscal que les propuso el ministro.

“En el corto plazo”, dijo Massa a este matutino, “tenemos la responsabilidad de establecer un volumen de producción para el próximo invierno que nos permita aumentar cantidad de moléculas porque necesitamos el mayor nivel de producción en el mercado local con precios que son mucho mas competitivos”. “Tenemos que planificar el 2023 sobre la base de extender el Plan Gas 4, a la vez, implementar el Plan Gas 5 para garantizar el llenado del gasoducto y eso requiere de inversiones que deben comenzar a cristalizarse en noviembre con vistas a aumentar la capacidad de producción”. En esta línea, el tigrense señaló que “existe un gasoducto que está siendo poco utilizado respecto de su capacidad en la Cuenca Austral, por lo que se debe intentar el estímulo para sumar producción de gas en el norte argentino”.

“En el mediano plazo, la clave es aumentar la producción para cumplir con el proceso de autoabastecimiento energético, pero también para aumentar el volumen de exportación con contratos ininterrumpibles, eso nos va a permitir mejorar nuestra balanza comercial energética, aumentar la cantidad de empleo e incrementar el volumen de inversión en el sector de gas y petróleo, porque son sectores de inversión intensiva”, dijo Massa.