Las primeras estimaciones, adelantan que el saldo exportable del cereal se reduciría en unas 3 millones de toneladas lo que significaría una caída en el ingreso de divisas de al menos u$s600.000.

Para el maíz la situación es bastante similar, aunque en principio se esperaba un retroceso de la superficie de 400.000 hectáreas respecto al ciclo pasado, el recorte del área de siembra que se estima en septiembre es mayor y trepa a un total de 600.000 hectáreas. Para este nuevo ciclo se estima una intención de siembra de 8 millones de hectáreas, lo que resulta en una baja interanual de 7%. “Las razones son las mismas que se destacaban hace un mes: la sostenida falta de agua durante los últimos 36 meses sobre la región pampeana -en especial en el centro, oeste y norte- que se ha intensificado en las últimas 3 estaciones y los pronósticos de una tercera Niña consecutiva. El sector enfrenta un desafío mayúsculo sobre todo los que plantean siembras tempranas de maíz”, explican desde la entidad rosarina.

De esta manera, con 8 millones que se sembrarían, 7 millones que se volcarían directo al circuito comercial, se espera una producción que rondaría 56 millones de toneladas.

Mientras tanto para la soja las proyecciones parecen ser más positivas, pero todo sigue dependiendo del clima. En las últimas semanas se habrían sumado unas 200.000 hectáreas de intención de siembra, que son justamente las que no se implantarán con maíz. En total la oleaginosa en la campaña 2022/23 cubriría unas 17 millones de hectáreas, el aumento sería de 900.000 hectáreas, un 5,6% más que en el 2021. De esta manera, se estaría ante una producción de aproximadamente 48 millones de toneladas (se toman 400.000 hectáreas como promedio de superficie perdida o no cosechada).

En este contexto, la mayor preocupación que hay en el campo, más allá de la sequía que afecta fuerte al trigo y al sorgo, es lo que puede suceder con el maíz y la soja y justamente con este último cultivo que solo durante este año aportó unos u$s24.000 millones en divisas. Algunos asesores recomiendan a los productores no comenzar a sembrar hasta que los perfiles de humedad estén en mejor estado y para eso se necesitan lluvias en cantidad que no llegan. La campaña 2022/23 plantea un serio interrogante que puede afectar duro a la economía el próximo año y todo depende de algo tan poco maleable como lo es el clima.