El Grupo de las 20 principales economías y el Club de París crearon un marco común para el tratamiento de la deuda a fines de 2020 con el fin de ayudar a los países a capear las consecuencias de la pandemia del COVID-19, pero su aplicación se ha visto frenada.

El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los funcionarios occidentales han expresado cada vez más su frustración con China, ahora el mayor acreedor bilateral oficial del mundo, y con los bancos del sector privado por no avanzar más rápidamente.

Los datos preliminares publicados por el Banco Mundial en junio mostraron que el volumen de la deuda externa de los países de ingresos bajos y medios aumentó, en promedio, un 6,9% en 2021, a 9,3 billones de dólares, superando el crecimiento del 5,3% registrado en el año previo.

Malpass dijo que el próximo informe de Estadísticas de la Deuda Internacional del banco era preocupante, pero no dio cifras concretas.

«Muestra que el monto de la deuda creció sustancialmente (…) y el monto adeudado a China es alrededor del 66% del total de los acreedores bilaterales oficiales», dijo, y agregó que las entidades chinas también eran grandes acreedores comerciales.

Funcionarios del FMI y del Banco Mundial afirman que el 25% de las economías emergentes y en desarrollo se encuentran en dificultades de endeudamiento o cerca de ellas, y la cifra se eleva al 60% en el caso de los países de ingresos bajos y medios.

Las perturbaciones climáticas, las alzas de las tasas de interés y la inflación han aumentado las presiones sobre las economías que aún se están recuperando del COVID.