Daniel Heymann disertó días atrás en un seminario sobre historia del pensamiento económico argentino organizado por las universidades Tres de Febrero y de Buenos Aires. El economista de trayectoria prestigiosa (la UBA lo reconoció como una de las 200 personalidades en su reciente aniversario de dos siglos) habló con Clarín y aclaró que lo hacía a título personal. Heymann fue profesor de Martín Guzmán, ministro de Economía, y es asesor ad honorem. 

– En su exposición usted habló sobre sobre el margen estrecho de la política económica en pandemia, ¿puede explicarlo?

La disposición de las personas a tener pesos es escasa y en la pandemia el Estado tuvo que financiarse con emisión monetaria. Eso ahora deja mucho menos margen de acción. Llevará varios años cambiar el comportamiento de las personas, que viene de más de atrás, de una inestabilidad general. La memoria inflacionaria hace que la gente esté bastante remisa a los activos argentinos y por eso el nivel de utilización de dinero aquí es más bajo que en otros paises.

– Usted también mencionó el problema de “atarse las manos” frente a la inflación…

Lo que quise decir es que atarse las manos es costoso porque viene un shock como la pandemia y si tenés las manos atadas, no podes usar el timón. La convertibilidad te ató las manos. Hay que ganar credibilidad sin eliminar flexibilidad. A otros países con historia de inestabilidad, como Brasil, Uruguay y Perú, les llevó años. No es instantáneo.

– ¿Y qué hay hacer para estabilizar la economía?

Tenés que ir reduciendo el déficit fiscal hasta no necesitar financiamiento monetario, cerrar las cuentas públicas, ser cumplidor. Consolidar las finanzas publicas no requiere compromisos inamovibles, es compatible con tener margen en política económica. Los países estables tienen esa característica.​

– ¿Estos niveles de inflación se pueden mantener en el tiempo?

No es una altísima inflación todavía, pero va a ser el régimen inflacionario para los próximos años desde ya no es una buena noticia. Hay que ir encarando una desinflación sostenida y gradual para establecer la credibilidad sin hacer promesas demasiado fuertes.

– Usted en sus trabajos analizó los ciclos de auge y crisis y advierte que cuando se acaba la oferta de dólares se produce un ajuste en las importaciones ¿qué vigencia tiene hoy la restricción externa?

La evidencia muestra que es recurrente. Vuelta y vuelta la economía se expandió, luego se quedó sin divisas y hubo que reducir importaciones, y eso está asociado con la recesión. La expansión fue abortada porque no se podía seguir usando artículos que necesitaban divisas. Lo hemos tenido en la última década o más. Si tomás 2011-2021, hay estancamiento, luego recesión y después recesión fuerte, con ensayos de crecimiento en años impares, que se veían coartados porque el financiamiento externo se había acabado.

– ¿Y cómo se sale de ese ciclo?

Hay que aumentar las exportaciones sin afectar gravemente la distribución de ingresos. El incremento de bienes es un requisito importante. Por otra parte, tendríamos que haber aprendido a ser prudentes en el uso de crédito externo. No podés decir «de esta agua no beberé» porque si tenes proyectos de inversión productivos es una ayuda para crecer, pero muchas experiencias de endeudamiento externo terminaron en crisis.

– Usted mencionó en la charla dos décadas pérdidas, ¿puede explicarlo?

Tuvimos dos períodos de 10 años con caída del PBI per capita desde 1980 y en 2011 hasta ahora. No son lo mismo. En el primer caso, la crisis que terminó con la tablita cambiaria en el ´81 condicionó todo el futuro. En el otro caso, tuviste un estancamiento que desembocó en una crisis unida ahora a la pandemia. La cuestion ahora es salir de la crisis que hemos tenido, es el tema por delante.

– ¿Sirven las microdevaluaciones para evitar crisis o saltos abruptos del dólar?

Fue un invento argentino para estabilizar el tipo de cambio evitando saltos bruscos y orientando la evolución de los precios, tratando a la vez de evitar una apreciación cambiaria que provocara una crisis. No es una panacea, pero en una economía inflacionaria necesitás algún tipo de gestión, que no te genere un desalineamiento fuerte entre los precios y evitando que sea un elemento inflacionario adicional. Es un instrumento que te da flexibilidad.

– ¿Y esa política puede generar un riesgo de devaluación?

Hay que tratar de evitar un salto del tipo de cambio, el dólar tiene que ir acompañando más o menos la inflación. No es automático el ajuste, sino que tenés que tener en cuenta el nivel del tipo de cambio real que te parece más sostenible y la tasa de inflación. Es parte de una administración de la política económica.

– En el pasado reciente, igualmente hubo fuertes saltos en el dólar…

Lo que pasó en la década pasada es que hubo una devaluación en 2014, en 2016 y más grave en 2018 con una crisis de interrupción del crédito externo.

– Hoy, la deuda externa representa un nivel elevado de lo que produce la economía, ¿qué lectura hace de ello?

– La deuda es alrededor del 65 o 70% del PBI, según los últimos datos del primer trimestre del 2021. Pero los activos de los argentinos fuera del país son superiores a la deuda, lo cual refleja desconfianza e incertidumbre. El otro tema es que los intereses que pagas sobre la deuda son mayores que los intereses que ganas por los activos en el exterior. Desde ese punto de vista, el intento de reducir la tasa sobre la deuda es importante. La deuda existente el año pasado llevó a una reestructuración, un problema serio, y ahora se conversa para reestructurar la deuda con el FMI.