A pocos días de las PASO, el Gobierno aceleró el ritmo para calentar la economía estimulando el consumo. Las medidas incluyen el aumento a los jubilados previsto por la movilidad, el anuncio de una nueva suba del salario mínimo a fines de septiembre y el plan Ahora 12, junto con créditos a tasa cero para monotributistas y líneas a 10 años para refaccionar viviendas.

La expectativa es llegar a las elecciones de noviembre con remuneraciones y haberes en crecimiento, inflación en baja y más vacunas, pero será en niveles peores a los de las últimas elecciones de medio término por la lenta recuperación, precios aún elevados, pobreza en picos históricos e ingresos deprimidos, lo que le pone un techo al consumo en medio de la pandemia.

Según un informe de Abeceb, el PBI crecerá 7% interanual en el tercer trimestre y probablemente 3% en el cuarto trimestre, pero su nivel en el segundo semestre será todavía 3% menor que el recesivo segundo semestre de 2019 y 9% inferior al PBI que había en las elecciones de medio término de 2017, cuando ganó Juntos por el Cambio.

En el caso del consumo privado, la diferencia es aún más marcada. Aún mostrando una suba en torno a 4 o 5% interanual, la consultora estimó que el mismo estará 19% por debajo del segundo semestre de 2017 y 20% por debajo de igual período de 2013, las legislativas en las que Sergio Massa se impuso en la provincia de Buenos Aires.

Si bien el Gobierno sostiene que «el consumo se está recuperando», los datos privados y oficiales muestran un escenario dispar. Las ventas de alimentos, bebidas y cuidado personal, por caso, cayeron 4% en agosto en formatos de cercanía de hasta 500 m2 y subieron 2,5% en grandes superficies, según datos preliminares de agosto de Focus Market.

Justamente, en los grandes comercios es donde tienen más incidencia los programas como Precios Cuidados y los controles oficiales. «La gente quiere mayor previsibilidad, prefieren gastar ahora y no esperar, adelantan su compra incluso ajustándose porque muchas personas no cobran su ingreso todos los meses», señaló Damián Di Pace, director de la consultora.

Pese a la mejora en la recaudación del IVA, los intentos oficiales por reactivar el consumo enfrentan un escollo inesperado: los topes en las tarjetas de crédito. La decisión de los bancos de no actualizarlos complica la compra de lavarropas, TV, computadoras y celulares, de dificil acceso sin financiamiento para un salario promedio de $ 39.504, según el último dato del INDEC.

Sumado a esto, el crédito al sector privado cumplió nueve meses de caída mensual en respecto de la inflación. «Desde el mes de enero que se vienen observando caídas reales en los créditos al consumo. Particularmente en agosto la misma fue de 1,1% mensual real«, dijo LCG en un informe, en el que lo vinculó con la retracción de préstamos a las tarjetas de crédito.

La reapertura de paritarias, por otra parte, permitiría que el salario real del sector privado formal llegue al tercer trimestre con una ligera suba interanual del 2%, pero los niveles seguirán siendo muy bajos. El poder de compra será similar al alicaído nivel del recesivo 2019, resultará casi 12% inferior al de la elección de 2017 y casi 13 % inferior al 2013, según Abeceb.

Los ingresos se ven impactados por una inflación que en noviembre será algo superior al 50% anual. «Sin dudas un clima “salarial” muy diferente al votar en 2005 cuando el salario real crecía 10% anual, o incluso con el incremento del 4,5% en 2009 (y aun así en Provincia de Buenos Aires, De Narváez le ganó a Néstor Kirchner)», señaló la consultora. 

El otro indicador negativo es la pobreza, que estará en torno al 40%, un nivel nunca registrado en comicios legislativos desde el 2000. Para la consultora pxq del exviceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, si se observa la «foto» de jubilaciones, salarios, consumo y empleo, el oficialismo irá a elecciones con «el peor bolsillo” de las últimas cinco elecciones primarias.

El Gobierno apuesta a que el electorado mire la «película». Esto es una mejora acotada del empleo y los ingresos, con una inflación menor al 3% mensual. «A partir del segunda parte del año, el salario real empieza a mostrar mejora en el margen, pero el promedio anual volvería a caer por cuarto año consecutivo«, estimó Agostina Myronec, economista de Ecolatina.

El shock al consumo aflojaría el ritmo una vez cerradas las urnas. Es que después de noviembre, el Gobierno continuará la negociación de la deuda con el FMI y se esperan varios cambios. «Después de las elecciones, puede que suban naftas y aumenten tarifas en provincias, se va aflojar el ancla cambiaria y tarifaria», pronosticó Lorenzo Sigaut, socio de Equilibra.