Ambos se encontrarán en las próximas horas en Estados Unidos, en los últimos tramos de la gira del ministro de Economía y su equipo, en jornadas donde se deben cerrar las relaciones tanto con el FMI como, tal como afirmó este diario, con el Tesoro norteamericano. En el caso del Fondo Monetario, será con Goldfajn con quien, seriamente, tendrá que razonar, negociar y cerrar los próximos pasos en la relación directa entre el país y el organismo financiero. Y, en consecuencia, será en este encuentro donde se definirá el futuro del Facilidades Extendidas, la aprobación del primer semestre (algo que se anunciará en este mismo viaje), la forma de pedir perdón por lo que suceda en el segundo y, fundamentalmente, lo que pueda pasar con el acuerdo en 2023.

Saben las partes, y así quedó (por las dudas) explicitado en el armado de la agenda del ministro de Economía por los Estados Unidos, que es con el brasileño-israelí con quien se debe hablar, sí o sí, para saber qué pasará con la relación con el FMI en el futuro. Y se sabe, además, que el funcionario internacional no está de muy buen humor con la Argentina. Será tarea de Massa cambiárselo, algo que no sería difícil.

La información con la que cuenta el equipo argentino, es que el brasileño tiene toda la intención de comenzar a llevarse bien con la gente de Massa, y que las primeras señales que le llegaron a partir de las medidas que se tomaron en Buenos Aires (especialmente la segmentación y la readecuación de gastos) fueron auspiciosas. Pero ahora Massa y Goldfajn tendrán que enfrentar la discusión más importante. La del futuro.

Ya ambos saben qué pedirán en este sentido. El argentino, que la misión restante de 2022 se realice lo más tarde posible y que sea todo lo discreta que se necesite. Y que sea aprobada. El brasileño-Israelí reclamará que las metas del próximo ejercicio se mantengan (especialmente el déficit de 1,9% del PBI), algo que seguramente el ministro le garantizará en el encuentro de Washington. En síntesis, si todo sale bien, el próximo encuentro importante entre ambos debería ser recién a comienzos de 2023. Y hasta ese momento, todo debería formar parte de un «pacto de caballeros» mutuo y respetable. Ambas partes creen que es posible.

Según explicó el mismo Goldfajn en público, su intención con el país no es la de ser empático con Argentina, sino cumplir el mandato que le dio el board del Fondo de ser un fiscalizador implacable del Facilidades Extendidas y su cumplimiento estricto. El board del FMI le dio esta orden el 25 de marzo, en la complicada sesión en la cual el máximo nivel del organismo que maneja Kristalina Georgieva aprobó por unanimidad el acuerdo con Argentina. Pero donde dos países puntuales, Alemania y Japón, fueron muy duros en sus referencias sobre la realidad de la economía local, y les exigieron a los técnicos del FMI máxima tensión y análisis para el cumplimiento de las metas fijadas en el acuerdo.

Fue el board el que dictaminó, además, que haya un adelantamiento de las misiones fiscalizadoras, comenzando en mayo y sumando un viaje más a los 10 programados originalmente. Ese día el Fondo habló de “riesgos excepcionalmente altos”, un eufemismo para decir que se lo considera de muy difícil cumplimiento por parte del país. Ante el panorama, el organismo financiero le dictó al director gerente para el Hemisferio Occidental la misión puntual de ejecutar la aplicación del “Artículo IV” del organismo ante Argentina, lo que implica que es el principal responsable de controlar que las metas del acuerdo de Facilidades Extendidas se cumplan.

Ahora será tarea de Massa convencer al hombre fuerte del caso argentino en el FMI (empoderado por el Board, quien tiene más imposición que la misma Georgieva), sobre la posibilidad que las metas firmadas sean aún defendibles. Se trata de un hombre de buen trato, amiguero, muy conocedor de la Argentina y sus problemas políticos crónicos, pero amante de la prudencia fiscal, la solvencia monetaria y los planes de largo plazo. Fue elegido por la propia Georgieva en septiembre de 2021 a partir de un largo listado de concursantes en uno de los puestos más importantes del FMI. Nunca se hizo público, pero en Buenos Aires se sabe que la directora gerente del organismo optó por el brasileño, dado que conoce las vicisitudes argentinas.