La combinación de devaluación con retraso tarifario llevó a que la distribución de luz en Buenos Aires sea una de las más baratas del mundo. Los hogares de CABA y el conurbano pagan por este servicio menos que en las provincias. Y también reciben boletas sensiblemente inferiores a las de otras ciudades latinoamericanas.

El costo de generación eléctrica está en aumento en casi todo el mundo. Es el principal componente en las facturas de luz. Sin embargo, ese impacto está aminorado en la Argentina. Es porque Cammesa -la empresa mayorista del sistema eléctrico, bajo control estatal- subsidia hasta el 70% de las boletas. La premisa de no subir las tarifas fue una promesa de campaña del actual oficialismo.

Estados Unidos es uno de los países donde más se paga por la factura eléctrica. En promedio son US$ 115. Anualizado, puede rozar los US$ 1.300. El promedio de ingresos de un hogar en ese país está entre los US$ 60.000 y US$ 65.000 cada 12 meses. En ese sentido, la boleta tendría una incidencia del 2% sobre el gasto total de un hogar.

Aquí, el gasto energético de los hogares se redujo en 2020 a 3,9% de los ingresos, según datos de la Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica de Argentina (ADEERA). Se estima que, con el aumento del 9% este año, y paritarias más cercanas a la inflación, el gasto en luz y gas tallará aún menos en los bolsillos de residentes en Buenos Aires y el conurbano. Las tarifas de luz son superiores en el interior.

En 2018, tras varias rondas de subas de tarifas, se calculaba que un hogar destinaba un 5,2% de sus ingresos a las facturas de servicios de luz y gas. Ese porcentual está en caída. “El 61% de los hogares gasta menos de un 5% de sus ingresos en energía. Este porcentaje de familias se incrementó desde el 45% promedio que representaba en los dos años anteriores. Los hogares que destinan más del 10% de sus ingresos a la energía se redujeron al 11%”, detalla un trabajo que manejan las distribuidoras.

Buenos Aires y el conurbano (AMBA) es la región con menor incidencia de la energía en sus ingresos: eran un 3,2% en 2020, contra un 4,4% en 2018. En 2021, estará por debajo del 3%. “En el otro extremo se encuentra el Noroeste con una incidencia del 5,3% comparado con 6,8% de 2018”, pintó ADEERA.

El Gobierno discute un plan de segmentación de tarifas. Los hogares de mayor poder adquisitivo no recibirían subsidios. Los de clase media ajustarían por inflación. Y los sectores de menores ingresos seguirían subsidiados. El plan requiere de una “sintonía fina” que hasta ahora no se alcanzó.

Tarifas latinoamericanas

Según una presentación hecha por Edesur, en las audiencias públicas donde solicitó incrementos de tarifas muy superiores a los que obtuvo, un cliente de Buenos Aires paga un 20% de lo que abona por ese servicio alguien en Perú.

Un hogar que destina a su factura $ 950 en Edesur desembolsaría $ 2.042 en Delapaz (Bolivia), $ 3.987 en Enel Goias (Brasil), $ 4.084 en UTE (Uruguay), $ 4.376 en Chilquinta (Chile) y $ 5.097 en Electrosureste (Perú). Los datos corresponden al verano, y pueden haberse modificado por las variaciones en el tipo de cambio.

Hubo un fuerte debate en España por el alto costo de la generación eléctrica, y cómo se estaba trasladando a las tarifas. Se decidió la suspensión de impuestos, para reducir un 10% la boleta promedio. De todas formas, una boleta de clase media no baja de 70 a 75 euros (US$ 84 a US$ 90), según expertos del sector.

El primer decil (de mayor poder adquisitivo) es el único que destina en promedio más del 10% de sus ingresos a la energía. Aun así, este valor se redujo de 14% en 2018 a 11% en 2020″, observa ADEERA. Nuevamente, el número será inferior en 2021.

«El total de hogares con problemas de acceso a la energía es 3.766.900. Esto es el 27% de los hogares del país. De este, 500,000 hogares son de clase media, El resto está dentro de la línea de pobreza», observa ADEERA.

AQ